Nunca hagas algo si no quieres





Hay placeres que están adheridas a la vida y que no lo miras como placeres, sino como peculiaridades. Cocinar es mi peculiaridad. 

Hubo una época en que era feliz y cocinaba todos los días. A veces me quedaba bien, a veces no. Dependía de la práctica, de las ganas, de las señales de un día perfecto para tomar la olla y preparar la sopa de pollo con especies. Dependía de la pimienta fresca recién triturada, del paisaje detrás de la ventana mientras la salsa se espesa, de los ojos atentos cuando se corta la cebolla. El mundo sonreía con una naranja en boca.

Tuve un lapso de dos años dejé de sentirme apasionada por el arte culinario y cuando no hay pasión en lo que hago, mejor ni lo intento. No sé cómo sobreviví sin meterme a la cocina. Me hice experta en prepararme la comida sin encender la estufa que, a veces, sólo usaba para calentar agua o café. También usaba el microondas, no lo niego, de algún modo tenía que realizar la comida como por arte de magia. 

Lo que más me alegra después de un día de oficina atroz es probar un buen pie de limón y un café perfectamente preparado. Siempre pido lo mismo en cualquier cafetería. Si la preparación me convence, es posible que vuelva. 

En ocasiones especiales cuando me toca visitar un restaurante nuevo y no me agrada la comida no le devuelvo un plato al chef, pero yo no regreso. Siempre creo que al comensal hay que tenerle respeto y un arroz o un pollo mal cocido es digno de ejecución para un chef, el cocinero o el pinche en cuestión. 

El arte culinario es parte de la cultura y de mis pocos viajes fuera del país, me he traído recuerdos exquisitos. Prefiero gastarme el dinero en comida que en objetos del recuerdo. Mi panza es más memoriosa que yo. Puedo olvidar todo, pero jamás el sabor de la comida.

Hay días en que no me quedaba de otra que alimentarme para vivir. Si no cocinaba, tenía que conformarme con la comida de comedor o de fonda. No queda de otra, pero la panza reclamaba, chillaba, se desesperaba y rechazaba por la ingesta de carne animal. Y es así como entré al mundo vegetativo y frutal donde creo que tendré éxito. 

He vuelto a cocinar. Lo hago con más frecuencia. Eso indica que voy recobrando más felicidad y placer, que me estoy reconciliando con la estufa y que hacerlo es mi homenaje a la vida.


Carta de presentación




Enfermé cuando el veneno entró profundo. Cuando descubrí que fui demasiada transparente, demasiada ingenua, demasiada simple, demasiada verdad. Cuando pensé que hacia lo correcto rompiendo las cadenas, cuando me salté charcos, cuando me guié por voces imaginarias y cuando creía ser feliz enseñando que era posible cazar sueños, pensado que valía la pena quebrarme un ala y aceptar las jaulas de oro. 

Morí cuando el puñal entró profundo. Muy profundo y seguía caminando sin importarme el dolor y la sed. Cuando comprendí que mi cadáver sonreía y mi cabello empezaba a caerse. Cuando me negaba a que todo era puerta cerrada, mentira y desconfianza. Cuando supe que era parte de la farsa donde otros manejaban los hilos y que no había modo de regresar y arreglarlo.

Y heme aquí: expulsada del paraíso infernal, con un corazón entero y demasiado humano que sigue su pulso.

Contexto bíblico y lingüístico del papel femenino en la historia

Fotografía por Aleksandras Macijauskas


Contexto de la biblia: 


La biblia viene imponiendo en la mujer un papel secundario y sumiso, incluso nulo. No hay ejemplo de una mujer en la biblia que hubiera decidido por sí misma hacerse una heroína, sino porque ha sido forzada a realizar alguna empresa a cambio sacrificar su vida de proteger  la vida de sus hijos o para salvar la dinastía de otro hombre. 
La biblia habla de la mujer como un arma (a través de su dulzura, la inteligencia astuta o por la seducción sexual), para que los hombres consigan sus objetivos en el nombre de un dios y no dejemos de lado que los objetivos son estrategias políticas de poder, de leyes de dominación.
La biblia sigue siendo el instrumento para que la liberación de la mujer no se realice en todos los ámbitos sociales, culturales y económicos. ¿Por qué? Porque idealizan a la mujer perfecta y pura como un ser temeroso y obediente de las leyes que los propios hombres han escrito en el nombre de dios.
La biblia siempre se refiere a las mujeres como la esposa, hija o madre de personaje principal. Siempre con la tarea dedicada al hogar, pariendo hijos para mantener el linaje y soportando los malos tratos de un marido simplón que puede tener cuantas mujeres quiera, pero que le prohíbe a la mujer ser infiel y castigarla y matarla si tiene un desliz, incluso si es viuda de un hombre santo.
Dios es un invento del hombre. Un invento para dominar a las masas. Sin embargo, la biblia tiene una riqueza increíble de sabiduría humana para el buen vivir. Los salmos y proverbios, por ejemplo, son mis favoritos. 

Contexto lingüístico: 

El lenguaje no sexista, no solo se limita al desdoblamiento (o sea, escribir: niños, niñas; ancianas, ancianos; doctores y doctoras...), sino que va más allá de esos términos repetitivos. La lengua española tiene fórmulas bellas para evitar la excesivo uso del genérico masculino, porque el lenguaje, que quede claro, no es sexista. Lo sexista es la intención del mensaje.
Las políticas de corrección del lenguaje se debe a la necesidad que tenemos los humanos al derecho de la igualdad. El lenguaje es el ejemplo fiel de como hemos evolucionado es ese derecho. Y lo que no se nombra y no se escribe, no existe. Por eso, la biblia debe ser re-valorada y corregida en el modo de presentar las intenciones. Es un error pensar que no se puede corregir nuevas ediciones de la biblia. La biblia es el libro de historias mitológicas más corregido de todos los tiempos y ha sufrido un sin fin de traducciones al rededor del mundo de acuerdo a las ideología de cada religión que la use. En ella se han cambiado hasta nombres de algunos personajes y pasajes enteros de hechos que en el momento de transcribirlo no eran eventos o palabras "políticamente correctas". La biblia corresponde, se supone, a los eventos sociales de una época. Es un instrumento masivo para instruir, guiar, educar en valores, hábitos y costumbres. Entonces, ¿por qué no actualizarlo?

La cultura en el camino de las mujeres



Soy de la opinión de que el verdadero cambio social se obtiene a través de la cultura. Aunque suene trillado: el conocimiento es poder. Lo supe en una conferencia sobre sobre Género y Derechos Humanos donde hice la pregunta, un poco inocente pero fundamental, de que hasta qué limite el Estado está en la obligación de proporcionarle a la población ayuda para autorealizarse, y se me respondió que el Estado no tiene límite y que es su deber dar lo fundamental al ser humano para que se realice como tal. En ese momento me pareció razonable esa respuesta y tomé la afirmación como bandera en el trabajo que realizaba con las mujeres  y donde les repetía el axioma en cada una de ellas: "El conocimiento es ilimitado y entre más sepan las mujeres, mejor sabrán desenvolverse en la vida real". 

La cultura y el arte no solo están en los libros y en los museos, es algo que tenemos en nuestro diario vivir, algo que se nos oculta aunque este a la vista, porque nos distrae de nuestras obligaciones diarias. Comprar una pintura y hacerse conjeturas sobre el color y la textura es, en nuestra sociedad, una perdida de tiempo. Se nos ha enseñado, desde la infancia, que lo importante es el dinero más que disfrutar de una buena película, que la violencia es la manera más efectiva de llamar la atención, que la felicidad se encuentra en una buena base económica, que hemos nacido para crecer, multiplicarnos, trabajar, acumular bienes y morir. Es raro que se nos inculque la delicia de escuchar un concierto al aire libre, de expresar lo que sentimos manchando papeles con pintura para dedos. Se nos dice que eso es para niños y nunca para adultos. Nos limitan, porque limitar es parte del poder. El poder de oprimir las ideas y los sentimientos es antiquísimo, ya que con estas medidas se obtiene el control de la sociedad. Guiar un ganado de vacas hacia el matadero es más fácil que guiar a un grupo de personas pensantes y conscientes por el camino que los gobernantes quieren. 

La cultura, como dice el génesis de la palabra, es cultivar el conocimiento y habilidades  En ese sentido las mujeres están en desventaja para encontrar el camino del cultivo. Las  fuentes son escasas y los obstáculos enormes para arar el terreno. "No hay límite", me digo cuando una nueva mujer llega por su propio pie y solicita entrar en los talleres de educación y sensibilización artística. Porque para mí el cultivo es permanente y no me importa las veces y el tiempo que esa mujer necesite para subir un escalón. Veo en cada una de ellas un diamante en bruto, una esperanza, una semilla que solo necesita un poco de agua para germinar, y no como un número más para las estadísticas. La creatividad, el talento, los casos resueltos en cuestiones de cultura no se pueden medir con números. Lo que sí se puede medir, en estos casos, son los indicadores de mejoramiento en la calidad de vida.

Es falso que una mujer llega a ser una verdadera mujer solo con proporcionarle una capacitación de dos meses. Los procesos son lentos y a veces de toda la vida.  Lo que se hace con talleres fugaces de profesionalización al vapor es abrir un poco las puerta y darle el valor suficiente para que la abran más la puerta y sacar de ellas el mayor provecho posible. Pero eso es el principio y con eso no estamos dándole a la mujer las herramientas necesarias para que se empodere del mundo. Algunas necesitan más que eso. Y las necesidades son individuales y a veces no se saben hasta que se descubren. Hay que darles seguimiento a cada una y encontrar la mejor solución y sentido a su vida.

Cambiar el modo de pensar de una mujer que a penas sale de una crisis de discriminación social es más duro aún. Esas mujeres tienen capas de piedra sólida. Se asustan y se escandalizan cuando se les plantea un modo de vida mejor al que llevan. No quieren soltar sus costumbres, sus valores y su doble moral. Se niegan a aceptar que son violentadas y que la tristeza que llevan es parte de las señales de que no son libres de hacer y pensar por sí mismas. Y hay que ser pacientes para romper los esquemas que las mantienen sujetas a la dependencia de una relación enfermiza o con desventajas.

En mi experiencia con trabajar con mujeres me encontré con una gama de pensamientos y modos de vida retrogrados. Al escucharlas formular sus problemas, sus dependencias y sus traumas de infancia, sentía que me regresaban más allá del siglo XIX. Me mordía los labios para no lastimarlas y lanzar un misil a sus construcciones mentales. Era necesario tocar con cautela los temas desagradables, más aún si ellas se escudaban en la biblia y la religión, porque cuando está la palabra de Dios en medio de una conversación es mejor callar, respetar sus opiniones y pasar delicadamente a otro asunto. Los gestores culturales no estamos allí para atacar la fe, sino para mostrarles otra formas de pensar. Pensé que la dinámica más apropiada que se debía aplicar en estos casos era mostrar, en conjunto, el grado de calidad e independencia de nuestras vidas y de nuestras ideas sin entrar en controversia ni ponerme como ejemplo a seguir.  Las mujeres no son tontas ni hay que desvalorar sus vidas. Son lo que son porque así se han formado y aunque creamos que esa mujer no va a crecer o cambiar algunas costumbres, rodearlas de conocimiento y darles ideas diferentes hace que poco a poco reconstruyan su modo de vivir. Eso depende si ellas están dispuestas a cambiar y si sus objetivos de vida se lo permitan, porque los caminos para encontrar la autorealización son múltiples. Cada persona escoge qué quiere de su vida. La misión de los que trabajamos en el fortalecimiento de la cultura es mostrarles el catalogo de opciones y darles una razón para girar a la derecha, izquierda o en la vía contraria, y es darles identidad de pertenencia, seguridad y autoestima.

A veces me parecía que la definición de cultura se quedaba estancado en un concepto generalizado, estático y que para la población femenina era una idea confusa y limitada. Sin embargo, hubo días en que esas mismas mujeres, siguiendo la mística y la filosofía del buen vivir, me demostraban que el objetivo de vivir era la búsqueda constante de la felicidad y de la libertad. Llegaban a mi oficina con tantas ganas de ser felices y regresan al día siguiente con racimos de sorpresas. Me gustaba verlas sonreír al compartir lo que sabían, lo que pensaban y lo que sentían. Porque el objetivo de la cultura es aprender a compartir, retroalimentarse, ayudarse mutuamente, esforzarse por cambiar cosas con lo que hacen, y de ese modo, sin saberlo, girar la rueda de su progreso personal y por ende hacen de el mundo sea un mejor lugar donde vivir. Y me  llevé sorpresas enormes cuando las mujeres empezaron a formular sus propias propuesta. 

Extrañaré esa dinámica de trabajo, ese enfoque de cultura abierta y gestión solidaria, pero también "las que enseñan los nuevos horizontes" deben avanzar, doblar la esquina y probar nuevos retos. Deben aprender a soltar y no aferrarse a un árbol. A veces las circunstancias parecen difíciles o injustas, pero siempre hay una ventana o una puerta por donde salir o escaparse. La esperanza, las oportunidades y los éxitos siempre están en los retos y en lo que se siembra. Por eso, mujeres, ¡a empujar la puerta grande y exigir nuestro derecho al conocimiento! La vida es demasiado corta y retorcida como para esperar que los cambios y los milagros se realicen por sí solos. 

Sin motivo


Fotografía de Francesca Woodman
no te asustes, si guardo silencio

si no contesto las llamadas telefónicas
si no vuelvo a escribir poemas
si no encuentras la lista para el mercado en el imán de la refri

si acerco tus manos a mi cuchillo favorito
si miras el mapa de mis venas a través de mi piel tan pálida
si mis ojos, como dos lágrimas congeladas, no te ven pasar, no te ven venir

si bebo más de la cuenta y no entiendo por qué estoy más desnuda que las aves
si tropiezas con una habitación ideal a la orilla del infierno
si tu llave no abre más mi corazón

no te asustes, si alguien puede morir por ti

Regresar



Las sirenas me llamaban
pero de pronto el amor a los puentes y a las escaleras 
me hicieron regresar



Imagen del ilustrador chino Wenqing Yan

Pájaro es igual a comida para gatos...


Desde que empezaron los vientos, todos los fines de semanas estoy barriendo plumas, porque mis gatas descubrieron la maravilla de salir a cazar los viernes. Aprovechan las corrientes del viento confuso y frío. Es bastante incómodo escuchar los aleteos desesperados en el patio y ese crujir de huesos a media noche. A veces trato de rescatar a la víctima emplumada en cuestión, pero siempre me llevo la sorpresa de que es inútil. La víctima ya está herida de muerte irremediable y no se puede hacer mucho cuando las alas están quebradas o el cuello fracturado. A veces la víctimas me miran con ojos de "Sálvame", con ojos de "Me voy a morir y te veo por última vez". Esas heridas certeras no se curan. Acaricio sus cabecitas y les digo: si vuelves a nacer ave, nunca confies en el ronroneo encantador de una gato. Lloro un par de lágrimas y las dejo en el mismo lugar donde las encontré para que la muerte dulce termine de alcanzarlas con un zarpazo limpio. Al día siguiente no encuentro sus cuerpos, ni siquiera hay sangre, ni vísceras a la vista. Sólo hay un despojo de plumas regado por todo el patio. Las gatas, bien alimentadas con whiskas, se lamen las patitas, las orejitas y los bigotes sobre un cojín. El cojín que escogieron para lamerse las culpas. Están tan felices. Tan a gusto que no puedo creer que son culpables de un asesinato y que ayer se cenaron la carne cruda y la sangre fresca de un ser volador. Y en la esquina de la cocina hay un cuenquito de comida, rebosante de whiskas rellenas con sabor a tierra y mar, que no le harán caso en todo el día. Hay un dulce y tibio pájaro en sus pancitas.

El pecado de sentirse bonita y mujer

Una de las cosas que mi trabajo me da, además de la satisfacción y del sueldo, es la seguridad emocional y la autoestima. Me siento muy protegida trabajando entre mujeres. Incluso, puedo decir que soy feliz cuando estoy dentro de Ciudad Mujer. Soy feliz porque hago lo que me gusta, digo lo que pienso, me visto como quiero, me maquillo cuando es necesario y camino con libertad donde yo quiero. Adentro me siento bonita y cómoda, pero cuando salgo de Ciudad Mujer y camino por las calles con mis tacones (o con mis botas) me siento insegura, acosada y como un pedazo de carne con vestido. Quisiera caminar sin que me ofendan con obscenidades, sin que cada hombre se crea en el deber de desnudarme con la mirada mientras espero que el semáforo se ponga en rojo, sin que me griten o me llamen como a un perro, sin que me golpeen con el sonido de los besos y los silbidos... 

En la calle me preocupo mucho por mi seguridad. Siento miedo. Me siento desnuda y atacada. Mi libertad es truncada. Y siempre cuando soy atacada en la calle con una obscenidad, verifico si la falda está demasiado corta, o si el escote es demasiado prolongado, o puede ser que mi cabello es demasiado liso, o quizá mi maquillaje exagerado, o si el color de mi ropa es llamativo, o si... Me siento culpable por ser mujer sin importar lo que lleve puesto. Los hombres siempre tratarán de tocarte la autoestima de una o de otra forma. Tratarán de humillarte porque eres mujer. Y a las mujeres se les trata así, aunque no las vuelvan a ver. No te respetan en la calle y te tratan como a una prostituta barata de la calle. Te tratan como un objeto sexual que camina y jamás como un ser humano con cerebro y corazón. Y al final, cuando llego a casa, me siento vacía y vulnerable. Respiro. Voy a mi habitación y me veo en el espejo. Eso me devuelve un poquito la seguridad. Trato, entonces, de sonreír para regresar la poca dignidad  que me han robado. 

Y no puedes evitar que los hombres dejen de vernos con lujuria, ni impedir que aquel que va en el autobús nos lance un obscenidad y se ría de su osadía. No hay un policía cerca (que no son garantía), ni modo para aplicarle una amonestación. No hay delito que perseguir... hasta que alguien te secuestre, te viole o te mate por el modo en que mueves las caderas. Lo peor, es que no puedes dejar de mover las caderas cuando caminas. 

¿Y qué sentirían los hombres si las cosas fueran al revés? 
Va este vídeo explicativo: 


Cuestión de fe versus género

Valeria estudia en una escuela católica. No me pregunten por qué la inscribí allí. Hay muchos factores que me hicieron buscar una escuela dirigida por monjas... En fin, el caso es que hoy revisando las tareas me contó que le han dejado copiar en el cuaderno un famoso pasaje de la Biblia (Mateos10, versículos 13-16) "Dejan que los niños vengan a mí". Mientras Valeria, muy ferviente, seria y disciplina en lo que concierne a la fe, lo escribía en su cuaderno, levantó la cabeza y me dijo:


--"Mamá, Dios no quiere a las niñas. ¿Por qué no quiere a las niñas?". 
Me quedé callada. Reflexioné. Ella cree en Dios y debo respetar su fe, por lo tanto le dije: 
--Dios quiere a las niñas, corazón. 
--"Pero aquí no dice niñas..."
--Sí. Lo sé. Es que antes escribir niños y niñas al mismo tiempo no se hacía. Sólo escribían "niños" para generalizar, se supone que se entiende que en esa palabra van incluidas las niñas. Tenés razón que te molestés porque no dice niñas y niños que es lo correcto... Escribí ahora "niños y niñas" en el cuaderno y le decía a la Sor Morena que lo correcto es decir así las cosas. 


Por supuesto que me siguió interrogando. Estaba realmente molesta. Me dijo que sentía raro que no dijera niñas. Me quedé pensando en el lenguaje no sexista que trata de ser inclusivo, en la religión, en la infancia y en lo atea que soy. Sin embargo estoy orgullosa de Valeria, porque siendo tan pequeña busca la inclusión a su alrededor como algo natural. No sé si es porque me ha escuchado hablar de eso o porque lo absorbe y lo ve por otros lados. Me parece correcto que proteste y ponga en tela de juicio todo aquello que le molesta. Concluí que a veces deberíamos aprender y valorar las lecciones que nos dan estas personitas. La vida y el mundo giraría mejor si escucháramos con mejor atención sus ideas. 

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